miércoles, 8 de agosto de 2007

Por favor, respeto a la tercera edad.

A mí, el 95% de las viejas me resulta infumable y hasta me despierta algunos sentimientos serialkillerescos, no sé bien por qué y sé que no debiera ser así, pero bueno. Esto dicho, ahora tomen como quieran lo que voy a contar sobre algunos hechos que he presenciado en el correr de los últimos tiempos (esto no es la sumatoria de malas experiencias que he tenido en mi vida, aunque quieran creerlo así). Cuento estos episodios aislados y me guardo el hacer ningún tipo de reflexión general al respecto.

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Alrededor de un mes atrás estoy subiendo al bus pensando en cosas poco agradables, deprimido y de mal humor, veo un asiento libre y me siento, porque estoy cansado. Al minuto siento que me hablan, levanto la cabeza y una anciana me pide si podría POR FAVOR dejarle mi asiento a una mujer embarazada. La voz cansina y chillona me sacó de mi letargo y miré a la que cargaba con el bombo,que se sentaba en el asiento reservado expresamente para las futuras madres, sin hacerse ningún problema. El bondi estaba medio vacío, había asientos libres por doquier. La vieja igual me miraba con cara de reprobación porque no había actuado lo suficientemente rápido, o porque también estaba amargada, o porque soy joven y ella vieja, o yo qué sé. No dije nada y viajé desde pocitos hasta Malvín quemado y cabizbajo.

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Son como las diez de la noche y suena el timbre de casa. Atiendo y veo una mujer entrando en sus 60 que espera algo, medio impaciente. "Acá vive el doctor Fulano?", "no", "ah, y no sabés dónde vive?", "pah, ni idea", "TENÉS que conocerlo, es médico, fulano el médico", "disculpe, la verdad que no", " yo conozco a mis vecinos, no te da vergüenza, no conocer a tus vecinos?", "la verdad, no". Cierro la puerta. No comments.

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Acabo de llegar del disco. Cuando estaba entrando veo salir corriendo a un perro medio agitado y ladrando, uno de esos perros que a mí me ponen los pelos de punta. Yo fuí mordido por un perro. Uno de los encargados de seguridad entra en acción y logra espantar al animal, amenazándolo con su cachiporra o como se llame. Entonces, una vieja salta a agarrar al animal y hablándole le dice: "pobrecito, acá adentro son más animales que vos!", bien fuerte para que el patovica se enterara. Estaba verdaderamente compungida la señora: habían tratado mal al perro. Yo tenía ganas de agarrar la vara de nuestro pobre seguridad y romperle a la anciana su nevado cráneo. Pero esta siguió su cruzada a favor de los derechos de los caninos gritando por todo el super "que venga el dueño del perro marrón a buscarlo a la puerta", "el dueño del perro marrón?", y luego preguntando uno por uno. Una verdadera entusiasta bravucona. Seguro se llamaba Margaret.

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Tendría más cosas para contar pero se me ha hecho demasiado largo esto, ya. Les recomiendo que lean el soneto de Quevedo dedicado a la edad de las mujeres.
Saludos.

miércoles, 1 de agosto de 2007

es cortito y se lee fácil

We little know the things for which we pray.
Our ways are drunkard ways- drunk as a mouse;
A drunkard knows quite well he has a house,
But how to get there puts him in a dither,
And for a drunk the way is slip and slither.
Such is our world indeed, and such are we.

G. Chaucer, The Canterbury Tales (amputado y fuera de contexto)