En las últimas semanas tuve la suerte de casi olvidarme de esta página pedorra, pero por desgracia alguien me la tuvo que mencionar y algún que otro molesto me preguntó que por qué no posteaba nada. Entonces me acordé de que si uno tiene un blog-que sea una completa basofia es un dato en absoluto trascendente- un determinado grupo de individuos (por suerte pocos, pero es sólo mi caso) esperan,quizá razonablemente, que uno lo vaya rellenando, con un mínimo de constancia, de escritos torpes, mierdosos, aburridos y ociosos. Así que bueno, sea. Presente.
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Tratando de instruirme: un libro al azar, de la sección "Sociales" de la biblioteca materna. "Razón y Revolución": buen título, qué duda cabe. No me gusta como está escrito. Capaz es la traducción. Uno supondría que Marcuse tiene que escribir bien, porque es conocido, culto y alemán. Me interesa lo referente a Hegel. Lo de Marx me rechina un poco, ya conozco la canción y no me entusiasma. Cuando aparece Comte, lo tiro. Fracaso. Soy un inútil.
Vuelvo a cosas conocidas, "Three plays for puritans". Me gusta Shaw. No entiendo por qué siempre tiene la necesidad de mostrarse inteligente en esos insoportables prólogos que le mete a sus obras. Me gustaría ver representada "The devil´s disciple"; me gustaría que alguien que conozco hiciera de la mujer del reverendo.
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Escucho el último disco de Fantomas... es interesante... de alguna forma me recuerda a los Residents (?). Cosas del destino,el disco de mp3 tiene también el Cowboys From Hell y el Vulgar Display of Power. Qué crá dimebag, y qué imbécil quien sea que lo mató... es lo único que se me ocurre decir. Eso es metal, lo digo ahora que hay un grupo que se llama Caninus.
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Me aburrí.
miércoles, 27 de junio de 2007
martes, 5 de junio de 2007
UNO
No era capaz de soportar el escrutinio de su abuela, la expresión beata encerrada entre dos ojos que miran perdonando. A veces duele sentirse un incomprendido, otras veces al revés, quizá empezara a comprender, mientras contemplaba la goma desgastada de la suela de uno de sus zapatos. Estuvo abstraído, unos segundos. Casi tranquilo.
-¿Y dónde está Gastón?- dijo la voz tan conocida.
Podía escuchar a las señoras viejas y fofas en el living contiguo. Ya casi podía oler sus perfumes lavanda, un tenue y más delicado jazmín ya comenzaba a marearlo. Sintió ganas de vomitar. Tenía miedo.
Buscó por los rincones de su cuarto, desesperado. Lo importante era que no lo encontraran; aguantar hasta que ya todos se hubieran ido o hasta que su ausencia dejara de ser un hecho interesante, entonces podría estarse finalmente en paz. Sabiendo que debía actuar rápido, corrió hasta el ropero, y tuvo que hacerse un ovillo para caber ahí dentro. Ya estaba grande para esas cosas.
Durante horas sintió cómo lo llamaban en vano, dejó que lo buscaran de arriba abajo sin inmutarse, apenas una lágrima cuando husmearon en su cuarto. Nadie lo hubiera imaginado, nadie distinguió el olor a gato encerrado. Para distraerse comenzaba a centrar toda su atención en clasificar los trajes que colgaban de los percheros: de fiesta, casuales, de invierno, de verano… a medida que su mirada se acostumbraba a la falta de luz inventaba alguna nueva categoría, abandonabas aquellas otras que ya no satisfacían sus exigencias tan puntillosas.
Cuando sintió el portazo, despertando de su ensueño de tendero medio maricón, esperó todavía unos minutos más hasta estarse seguro de que ya no hubiera nadie en los alrededores. Entonces tomó un pantalón de algodón azul que había a mano y salió rápidamente a cambiarse. Tiró el otro pantalón, con su mancha oscura que bajaba desde la entrepierna por todo su flanco derecho y hasta esa suela gastada, en el fuego de la estufa. Justo antes de que comenzara a enfriarse.
-¿Y dónde está Gastón?- dijo la voz tan conocida.
Podía escuchar a las señoras viejas y fofas en el living contiguo. Ya casi podía oler sus perfumes lavanda, un tenue y más delicado jazmín ya comenzaba a marearlo. Sintió ganas de vomitar. Tenía miedo.
Buscó por los rincones de su cuarto, desesperado. Lo importante era que no lo encontraran; aguantar hasta que ya todos se hubieran ido o hasta que su ausencia dejara de ser un hecho interesante, entonces podría estarse finalmente en paz. Sabiendo que debía actuar rápido, corrió hasta el ropero, y tuvo que hacerse un ovillo para caber ahí dentro. Ya estaba grande para esas cosas.
Durante horas sintió cómo lo llamaban en vano, dejó que lo buscaran de arriba abajo sin inmutarse, apenas una lágrima cuando husmearon en su cuarto. Nadie lo hubiera imaginado, nadie distinguió el olor a gato encerrado. Para distraerse comenzaba a centrar toda su atención en clasificar los trajes que colgaban de los percheros: de fiesta, casuales, de invierno, de verano… a medida que su mirada se acostumbraba a la falta de luz inventaba alguna nueva categoría, abandonabas aquellas otras que ya no satisfacían sus exigencias tan puntillosas.
Cuando sintió el portazo, despertando de su ensueño de tendero medio maricón, esperó todavía unos minutos más hasta estarse seguro de que ya no hubiera nadie en los alrededores. Entonces tomó un pantalón de algodón azul que había a mano y salió rápidamente a cambiarse. Tiró el otro pantalón, con su mancha oscura que bajaba desde la entrepierna por todo su flanco derecho y hasta esa suela gastada, en el fuego de la estufa. Justo antes de que comenzara a enfriarse.
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